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Artículos en Revistas


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Los Gobiernos Divididos y sus Beneficios
Este País / Enrique Ochoa Reza y Emilio Pineda
May 1, 2007

Los “gobiernos divididos” en México son un fenómeno político controversial. En los noventas, la idea de que el partido del presidente perdiera la mayoría absoluta en alguna de las dos cámaras legislativas, se entendía como un mecanismo democratizador que acotaría el presidencialismo. Esta idea sobrevivió poco tiempo. Una década más tarde, se acusa a los gobiernos divididos de provocar parálisis legislativa y de ser un obstáculo para la aprobación de reformas estructurales. Se sugiere, en consecuencia, que la democracia funcionar
ía mejor bajo gobiernos unificados. ¿Cuál de las dos interpretaciones es la correcta? ¿Qué beneficios le han traído los gobiernos divididos a los ciudadanos?

 

El primer gobierno dividido a nivel federal, en la época moderna del país, se dio a raíz de la elección intermedia de 1997. En dicha elección, el partido del presidente perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y por primera vez en su historia el PRI no tuvo la capacidad de reformar leyes por si mismo. El multipartidismo en la cámara baja resultó en la activación de diversos artículos constitucionales referentes a la división de poderes.

 

El primer día de aquel gobierno dividido, el diputado Porfirio Muñoz Ledo (PRD) resumió con palabras puntuales el estado de ánimo político del momento. Como primer diputado de oposición en dar respuesta a un informe presidencial y dirigiéndose al Presidente Ernesto Zedillo, el legislador dijo: “En México a partir de hoy, y esperemos que para siempre, ningún poder quedará subordinado a otro. …nosotros, que cada uno somos tanto como vos y todos juntos valemos más que vos". Desde entonces, 1 de septiembre de 1997, tenemos gobiernos divididos a nivel federal.

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Juicios Orales: una propuesta de reforma
El Mundo del Abogado / Miguel Carbonell y Enrique Ochoa Reza
Dec 31, 2006

Durante la campaña electoral de 2006 diversos candidatos se comprometieron a reformar el sistema de justicia penal que tenemos en México para avanzar hacia un sistema de "juicios orales". Uno de ellos fue Felipe Calderón, pero no fue el único. Otros candidatos triunfantes que tenían este tema en su agenda ocupan hoy posiciones de liderazgo parlamentario al frente de sus propios partidos políticos. Ha llegado el tiempo de rescatar los consensos de la campaña y dejar atrás los elementos de polarización. El impulso, la discusión y aprobación de una reforma integral a favor de los juicios orales será un buen primer paso en ese sentido.


El foro de discusión natural para este tema es el Congreso de la Unión y el país merece que se celebre un debate de altura. Los elementos que consideramos fundamentales para esta discusión son los siguientes:

 
¿Por qué una reforma en materia de juicios orales?

 
Partamos de una certeza: el sistema penal mexicano está en completa bancarrota. Ninguno de sus principales actores puede estar satisfecho con su funcionamiento actual. Todas las estadísticas disponibles nos permiten concluir que el proceso penal mexicano hace agua por todos lados: a) no sirve para atrapar a los delincuentes más peligrosos; b) permite la existencia de un altísimo nivel de impunidad y corrupción; c) no asegura los derechos fundamentales ni de víctimas ni de acusados; d) no establece incentivos para una investigación profesional del delito; y e) es sumamente costoso si se toman en cuenta sus pobres resultados.

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La Fuerza del Tercio
Voz y Voto / Enrique Ochoa Reza
Oct 1, 2006

Es un lugar común afirmar que el presidente es débil cuando su partido no tiene la mayoría absoluta en las cámaras de diputados y de senadores. Sin la mitad más uno de los votos en el congreso, se dice, el país está destinado a la parálisis legislativa que vivió el Presidente Vicente Fox. En suma, se repite sin mayor análisis, que en un gobierno dividido “el presidente propone y el congreso dispone”.

 

Esta impresión común no es del todo correcta. Si bien es cierto que Felipe Calderón no tendrá la mayoría absoluta de los votos en ninguna de las cámaras del congreso, esto no quiere decir, necesariamente, que el próximo presidente será legislativamente débil. Con frecuencia se subestima la fuerza del presidente cuando cuenta con más de una tercera parte de los votos en ambas cámaras del Congreso. Así, el número mágico del próximo presidente no es solamente el 50% + 1 en las cámaras legislativas, de hecho también lo es el 33% + 1.

 

¿Qué tan poderoso es el presidente de la República cuando tiene en el Congreso el 33% + 1 de los votos? ¿Por qué son tan fuertes el presidente y su minoría legislativa?

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Voto Cruzado
Letras Libres / Enrique Ochoa Reza y Alberto Saracho Martínez
Sep 1, 2006

La elección presidencial del 2006 ha sido en muchos sentidos atípica. Es la primera que se ha llevado a cabo bajo el gobierno de un presidente panista. Es la primera también donde el candidato de una coalición opositora de centro–izquierda encabezó durante la mayor parte de la contienda las principales encuestas. Pero sobre todo, no produjo un triunfador hasta la resolución definitiva del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

 

Independientemente del triunfador de la elección, es tiempo de analizar los diversos mensajes que han enviado los mexicanos con su voto. Es importante subrayar que tanto Vicente Fox en el 2000, como Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón en el 2006, recibieron más votos que sus partidos, alianzas o coaliciones para diputados federales o senadores de la República. En sentido inverso, Francisco Labastida en el 2000 y Roberto Madrazo en el 2006 recibieron menos votos para la presidencia de la República que su partido o alianza para cargos legislativos.

 

El mensaje es claro: un importante número de mexicanos considera que el partido de su candidato presidencial, no debe recibir su voto para las cámaras del congreso. La clase política ha entendido este mensaje y ha actuado en consecuencia.

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Agenda 2006: La Justicia Pendiente
Lex: Difusión y Análisis / Miguel Carbonell y Enrique Ochoa Reza
Mar 1, 2006

La situación actual de la justicia en México es inaceptable. Por un lado, los ciudadanos sienten que los bienes más preciados (comenzando por su vida, su libertad o el patrimonio familiar) no son debidamente protegidos por las autoridades encargadas de hacerlo. Pero por otra parte también saben que en caso de que deban acudir a las instancias encargadas de la procuración y administración de justicia, la posibilidad de que sean correcta y completamente satisfechas sus pretensiones son muy bajas. Así, la justicia pendiente tiene dos caras: por un lado, el ciudadano no confía en las autoridades que lo protegen de ser la víctima de un delito, por el otro lado, lamentablemente tampoco confía en las autoridades que procuran e imparten justicia cuando uno ya se ha convertido en la víctima.


En un año de múltiples elecciones estatales y federales no hay tiempo que perder y los ciudadanos tenemos mucho que ganar. ¿Cuáles son las reformas necesarias para poder contar con un aparato de justicia más eficiente, menos politizado, más transparente y ajeno en lo posible a la corrupción?

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Remesas: Límites al Optimismo
Foreign Affairs en Español / Jeronimo Cortina, Rodolfo de la Garza y Enrique Ochoa Reza
Jul 1, 2005

Las remesas se han convertido en una razón de optimismo para los países en vías de desarrollo. México, con cerca de 25 millones de remitentes potenciales viviendo en los Estados Unidos, no ha sido la excepción.

 

El Banco de México estima que 16,613 millones de dólares de remesas familiares entraron al país durante el 2004. Este flujo tuvo un incremento del 24 por ciento con respecto al año anterior y fue mayor a la inversión extranjera directa que ingresó a México en ese año. Asimismo, el reporte del Banco Mundial, La Pobreza en México, sugiere que las remesas son uno de los factores que le permitieron a varios millones de mexicanos dejar la pobreza extrema (definida como un dólar por persona por día) entre el 2000 y 2002. Finalmente, organismos internacionales, asociaciones civiles, y el gobierno de México confían en el éxito de programas donde las remesas financien proyectos de desarrollo regional.

 

Los resultados positivos han dado lugar a proposiciones optimistas. Es común leer que las remesas continuarán creciendo significativamente, que su crecimiento resultará en la disminución de la pobreza, y que las remesas serán fuente de financiamiento e inversión estable para micro-empresas.

 

Lamentablemente, este optimismo tiene límites en la evidencia empírica. México y otros países con amplia población remitente cometen un error cuando celebran los beneficios de las remesas mas allá del indiscutible beneficio económico para las familias que las reciben sin evaluar sus limitaciones. En este ensayo se presentan tres argumentos que se contraponen al discurso común sobre las remesas.

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El Federalismo al Estilo Americano
La Vanguardia, Barcelona, España / Alfred Stepan y Enrique Ochoa Reza
Oct 31, 2004

Estados Unidos registra uno de los índices más reducidos de participación electoral entre las democracias del mundo. Si se examina la composición de la ciudadanía según su nivel económico y de educación, EE.UU. es posiblemente la única democracia en la que a cada categoría que se desciende en la escala socioeconómica, baja la participación electoral. Pese a las libertades civiles de los años sesenta, muchos aspectos institucionales del sistema estadounidense coadyuvan sistemáticamente a promover un escaso índice de participación, especialmente entre la población pobre y las minorías. Es el caso, por ejemplo, de la tradición de celebrar las elecciones federales en jornada laborable y no en día festivo.

 

Fijemos ahora nuestra atención en el tipo de federalismo norteamericano. Los procedimientos electorales están notablemente descentralizados y politizados y revelan aún parte de la herencia de las batallas constitucionales entre los derechos de los estados y la cuestión de la esclavitud.

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