www.enriqueochoareza.com
enrique.ochoareza@gmail.com
 
     
 
Academia


La Guerra contra el Crimen Organizado
Debates de Política Pública
Leo Zuckerman vs. Miguel Carbonell
Jun 1, 2007

Envía por Email
 Impresión Amigable

Calderon y Galvan deben Aprender del Informe Winograd

Excelsior / Leo Zuckermann

Mayo, 2007

 

El martes pasado, cinco soldados fueron emboscados y ejecutados en Carácuaro, Michoacán. Un día después, cuatro policías desaparecieron en Nuevo León. Esa misma jornada, el Presidente asistió a los funerales de los militares asesinados y dijo: "Murieron como héroes y como héroes serán tratados y serán recordados". Son estampas de la guerra que el Estado mexicano está librando en contra del crimen organizado. Pero, ¿cómo pueden saber las Fuerzas Armadas, la clase política y la ciudadanía que esta guerra se está ganando o perdiendo?

 

Una guerra no convencional

 

Antes, las guerras eran enfrentamientos bélicos entre dos o más ejércitos que terminaban cuando uno de ellos sacaba la bandera blanca y ofrecía rendirse. El Estado de Israel vivió varias de estas guerras convencionales. Sin embargo, hoy las guerras son muy diferentes, con nuevos enemigos no convencionales. Israel, por ejemplo, enfrenta rebeliones sociales en los territorios palestinos ocupados y milicias terroristas que atacan desde estados vecinos.

 

Uno de estos grupos es Hezbolá que, desde el sur de Líbano, ataca al norte de Israel. En julio pasado, milicianos cruzaron la frontera, mataron a tres soldados israelíes y secuestraron a otros dos. Israel lanzó una contraofensiva terrestre y aérea con el objetivo de destruir la infraestructura militar de Hezbolá.

 

La guerra duró 34 días. Murieron más de mil libaneses, civiles y milicianos, y 163 soldados y civiles de Israel. La conflagración terminó con una resolución de la ONU ordenando el retiro de las tropas israelíes de Líbano y el despliegue del ejército libanés y de cascos azules para patrullar el sur de ese país, a fin de contener los ataques de Hezbolá a Israel. ¿Ganó este país la guerra? En muchos quedó la impresión de que el grupo terrorista no sólo sobrevivió al ataque israelí sino que permaneció relativamente intacto.

 

El informe Winograd

 

Centenares de reservistas del ejército israelí criticaron a su gobierno por la conducción de la guerra. El primer ministro decidió encomendar una investigación al juez Eliahu Winograd. La semana pasada se fueron presentadas las primeras conclusiones que resultaron durísimas. Una de ellas es que los militares no estaban listos para enfrentar una guerra donde el enemigo utiliza tácticas de insurgencia en un conflicto asimétrico de baja intensidad.

 

El primer ministro "es responsable de haber salido a la guerra sin una planificación elaborada en forma correcta y adecuada […] formó su opinión e idea sin que se le presentara un programa completo y detallado y sin que él lo solicitara. Es por eso que no pudo evaluarlo y tomar una decisión basada en dicho programa. Tampoco exigió alternativas para sopesar y no mostró ningún tipo de duda razonable respecto de las posturas del ejército". Ehud Olmert "es responsable de que los objetivos no se fijaran con claridad y prudencia […] fracasó como líder que debe llevar a su país a una operación militar".

 

Con respecto a quien era el responsable máximo del ejército, la comisión encontró que es "responsable personal y a nivel militar profesional por no haber tenido un programa de acción preparado y acorde a la escalada que se estaba dando en el frente libanés. No advirtió ante la cúpula política —a pesar de que sabía que se trataba de personas sin conocimiento de la materia y sin experiencia— sobre la complejidad de lo que sucedía en el frente libanés y las limitaciones en la preparación y efectividad del ejército". El comandante Dan Jalutz "generó la impresión errónea de que el ejército estaba preparado y tenía un plan de acción listo" al primer ministro y al de Defensa, ambos civiles. En suma, "hubo graves fallas de criterio y en la relación entre la cúpula militar y la política".

 

Al presentar su informe, el juez Winograd afirmó que "la fortaleza de Israel está en la autocrítica, como sociedad libre nuestro deber es estudiar los fracasos para poder corregirlos". Vale la pena destacar cómo una sociedad democrática evalúa la actuación de sus políticos y militares a los cuales les exige cuentas. Todo indica que las durísimas conclusiones de esta comisión generarán la caída del gobierno de Olmert.

 

¿Y México?

 

Pero, ¿qué tiene que ver esta historia con lo que está ocurriendo en México? Creo que mucho. Nuestro país también está librando una guerra no convencional en contra del crimen organizado. En el centro de la acción están las Fuerzas Armadas. Surgen preguntas que eventualmente tendrán que ser contestadas:

 

¿Estaba listo el Ejército para enfrentar una guerra donde el enemigo utiliza tácticas no convencionales en un conflicto asimétrico de baja intensidad? ¿Existía un plan completo y detallado que fue presentado y autorizado por el presidente Calderón? ¿Cuáles son las metas específicas? ¿Están los objetivos fijados con claridad? ¿Quién está evaluando dicho programa? ¿Cómo se va a saber cuándo se ganó (o perdió) esta guerra? Y si se pierde, ¿quién será el responsable?

 

Si de verdad el país está en guerra en contra del crimen organizado, es necesario establecer mecanismos de rendición de cuentas de los militares y las autoridades civiles que están a cargo del esfuerzo. No alcanza con que el Presidente evalúe a las Fuerzas Armadas. Habría, de alguna forma, que involucrar al Congreso y quizá a los gobiernos estatales. Que haya pesos y contrapesos.

 

El gobierno, en particular el presidente Calderón y el general Galván, tienen que entender que va a llegar el día en que los ciudadanos van a preguntarse si el Estado va ganando o perdiendo esta guerra. Y no va a alcanzar una feria de spots publicitarios para convencernos de que esta lucha es justa porque nuestros hijos van a poder salir al parque a jugar con tranquilidad. Las guerras, señores, son asuntos muy serios, como lo han demostrado los israelíes.

 

 

¿Estamos en Guerra?

El Universal / Miguel Carbonell

1 de junio de 2007

 

En varias ocasiones el presidente Calderón ha utilizado términos bélicos para describir la actuación del Estado mexicano frente al crimen organizado. Hemos oído al Presidente repetir que estamos librando una verdadera "guerra".

 

Como en democracia las palabras no cabe tomarlas a la ligera, y menos si vienen del jefe del Estado, conviene preguntarnos si la apreciación de Calderón es cierta; es decir: ¿en verdad estamos en guerra o se trata simplemente de un exceso retórico del Presidente?

 

Hasta hace unos años las guerras se libraban entre estados (guerras internacionales) o entre grupos nacionales que querían hacerse con el control de los poderes públicos (guerras civiles). La primera hipótesis debe ser descartada en el caso mexicano, pues no hay evidencia que nos permita suponer que el crimen organizado recibe financiamiento de un Estado extranjero o que sigue las órdenes de un gobierno de otro país. La segunda también debe descartarse toda vez que ningún grupo de criminales amenaza con quitar a los actuales gobernantes para ocupar sus lugares.

 

Entonces podemos válidamente concluir que Calderón se equivoca cuando se utiliza el término "guerra". Habría por tanto que pedirle al Presidente que fuera más comedido en su lenguaje. La cuestión no es menor ni puramente gramatical. Ya Hans Kelsen, el gran jurista austriaco a quien seguramente debe haber leído Calderón en sus años como estudiante de la muy prestigiosa Escuela Libre de Derecho, decía hace varias décadas que: "En tiempos de guerra el principio democrático debe ceder paso a lo estrictamente autocrático: todos deben obedecer incondicionalmente al líder".

 

Esto es precisamente lo que estamos viendo: un recurso a prácticas autocráticas (como lo es la militarización de la seguridad pública, pese a que el artículo 129 de la Constitución señala que en tiempos de paz las Fuerzas Armadas no podrán desempeñar más funciones que las relacionadas con la disciplina militar), así como la apelación al seguimiento y apoyo incondicionales para el Presidente.

 

La política del gobierno federal parece haberse tomado en serio el tema de la guerra y ha sacado a las calles el último recurso de un Estado: sus Fuerzas Armadas. Un cineasta colombiano hizo hace unos años una película titulada Águilas no cazan moscas. Me parece que es lo que está pasando en México: sacamos la ametralladora para matar mosquitos. Puede ser que los mosquitos del crimen organizado sean sumamente molestos y hasta venenosos; lo que sucede es que muchos de ellos con probabilidad escaparán a los cañonazos. Lo que hay que sacar es más bien el insecticida, no los tanques.

 

Pero hay además una razón adicional para que el Presidente mida sus palabras: ¿qué sucede si la principal bandera de un gobierno es la guerra contra el narco y al final de su gestión nos damos cuenta que fracasó? ¿Qué recurso queda después de haber utilizado la fuerza del Ejército? Si las Fuerzas Armadas no pueden lograr su objetivo, ¿a quién más podremos apelar?

 

En suma, el presidente Calderón debería considerar razones de prudencia democrática, de constitucionalidad y de desarrollo a mediano plazo de su proyecto de gobierno al momento de seleccionar las palabras de sus discursos. De otra manera puede quedar como un general que intentó ganar una guerra y acabó perdiendo un país.

 

Coordinador del área de Derecho Constitucional, IIJ-UNAM

www.miguelcarbonell.com

 

 


© Copyright enriqueochoareza.com

Top of Page