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Superar la Crisis de México
El Universal
Alfred Stepan y Enrique Ochoa Reza
Sep 16, 2006

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Mientras continúa la crisis sobre las discutidas elecciones presidenciales de México, se están formulando preguntas no sólo sobre la conducta del candidato aparentemente derrotado, Andrés Manuel López Obrador, sino también sobre el sistema presidencial de México. ¿Será parte del problema el "presidencialismo" tal como se practica en México?

 

Felipe Calderón, del partido gobernante de centro-derecha Acción Nacional (PAN), ha sido confirmado como ganador de la contienda electoral. Las próximas elecciones presidenciales no se celebrarán hasta 2012, así como las elecciones al Senado, cuyo voto es necesario para la aprobación de la mayor parte de la legislación federal.

 

Así, Calderón y los aliados de su partido, con 41% de los escaños del Senado, nunca podrán tener una mayoría legislativa durante los próximos seis años y también estarán en minoría en la Cámara Baja, en donde el PAN y sus aliados cuentan con sólo 43% de los escaños, al menos hasta el 2009.

 

De hecho, desde 1985, 15 presidentes latinoamericanos -casi todos sin mayorías legislativas- no han concluido su mandato. Nadie desearía que también México se sumara a ese total o presenciara el surgimiento de graves tendencias antidemocráticas.

 

Dicho de otro modo, la crisis actual refleja un fallo constitucional más profundo.

 

Hay tres modelos clásicos de ejecutivos democráticos: el parlamentarismo puro, como en Gran Bretaña; el semipresidencialismo, como en la Quinta República francesa del general De Gaulle; y el presidencialismo puro, como en Estados Unidos.

 

Resulta interesante que, mientras que Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos no han modificado sus modelos, muchas otras democracias consolidadas hayan introducido cambios importantes para impedir la aparición de problemas peligrosos con el funcionamiento de la variante "pura" del sistema de gobierno en su caso particular.

 

En la Europa de entreguerras, el parlamentarismo aplicado en muchos países padecía las consecuencias de frecuentes “votaciones de desconfianza”, que derribaban gobiernos y dejaban a los estados sin timón durante largos periodos de tiempo.

 

Después de la Segunda Guerra Mundial, varios países con sistemas parlamentarios redujeron la probabilidad de esa inestabilidad adoptando la llamada "votación de desconfianza constructiva". Esta modalidad consiste en que antes de que se pueda celebrar una “votación de desconfianza”, se debe llegar a un acuerdo “constructivo” sobre la nueva mayoría gubernamental que va a sustituir al gobierno que ha perdido la confianza del Parlamento.

 

Con frecuencia las nuevas mayorías están constituidas por coaliciones complejas de tres o más partidos que establecen un mínimo programa político común. Como el nuevo gobierno podría caer también, a no ser que conserve una mayoría legislativa, los sistemas parlamentarios presentan importantes incentivos para "crear y mantener una coalición".

 

El modelo semipresidencial también ha producido variantes. El resultado más peligroso conforme a este modelo es aquel en el que ni el presidente, ni el primer ministro, tienen mayoría, cosa que nunca ha ocurrido en Francia, pero sí en muchos países poscomunistas, como, por ejemplo, Rusia y Ucrania.

 

En esas circunstancias, los presidentes han abusado de sus poderes y han creado regímenes autoritarios "super-presidenciales y semi-presidenciales". Para impedirlo, Portugal, Polonia, Lituania, Eslovenia y recientemente Ucrania y Croacia han reducido los poderes constitucionales del presidente directamente elegido y han aumentado los del Parlamento.

 

La crisis que atraviesa México crea un momento ideal para examinar nuevas variantes del presidencialismo. Una opción, llamada "presidencialismo parlamentarizado", conserva las elecciones presidenciales directas, que muchas sociedades siguen exigiendo. Así, en el caso de que un candidato gane la elección con al menos 50.1% del voto ciudadano, dicho candidato será declarado presidente. En esas circunstancias, el modelo funciona como el presidencialismo clásico (aun cuando no produzca mayorías legislativas).

 

Sin embargo, si ningún candidato obtiene el 50.1% del voto ciudadano, el Legislativo tendrá la responsabilidad de nombrar, por mayoría de votos, al próximo presidente de la República, el cual iniciará su mandato con una mayoría legislativa. A diferencia de un presidente directamente elegido conforme al presidencialismo clásico, el presidente electo a través de una votación legislativa podría ser depuesto por una "votación de desconfianza constructiva". Este sistema dejaría entonces a las fuerzas políticas del Congreso bajo los incentivos de "crear y mantener una coalición" anteriormente descritos en el sistema parlamentario.

 

Naturalmente, no hay garantías de que semejante sistema aportara una mayor estabilidad democrática a países como México, pero evidentemente brindaría muchos más mecanismos para resolver el tipo de crisis político - electorales que existen en la actualidad.

 

Sin lugar a dudas, habrá que reflexionar mucho más sobre este tema pero los momentos de crisis como los que se viven actualmente en México abren una oportunidad para hacerlo.

 

 

Alfred Stepan es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Columbia y Enrique Ochoa Reza es profesor de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la UNAM

Project Syndicate

 
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