El Norte
CONTRAPUNTOS / México: Con Obama o con Hillary?
10 febrero 2008
El Senador por Illinois se distingue por promover la conciliación
Enrique Ochoa Reza
El mundo ha cambiado mucho en los 46 años de vida de Barack Obama. En 1960, el matrimonio entre sus padres, una mujer blanca y un hombre africano, era un delito en la mitad de los estados de la Unión Americana. Cinco décadas más tarde, el Senador por Illinois y único miembro afroamericano en dicha cámara, es un fuerte contendiente a la candidatura presidencial por el Partido Demócrata.
Según las últimas encuestas, mientras Hillary Clinton y John McCain -el probable candidato republicano- se encuentran en empate técnico, Obama vencería a McCain, si las elecciones fueran hoy, por más de seis puntos porcentuales. Así, "el hombre negro, con un nombre chistoso", como él suele presentarse en campaña, está en camino de ser el próximo Presidente de Estados Unidos.
Este resultado electoral tendrá múltiples consecuencias de política pública. Será importante para la población inmigrante mexicana que vive en Estados Unidos, para los que piensan emigrar allá en el futuro, así como para los estadounidense de origen latino que hasta ahora no han votado mayoritariamente por Obama en las primarias.
¿Cómo sería la política migratoria de Obama como Presidente? ¿En que sería diferente de la de Clinton?
Los votos de ambos legisladores sobre temas migratorios y sus pronunciamientos durante la campaña nos permiten proponer un balance preliminar. Empecemos por las similitudes.
En mayo del 2006, los senadores Obama y Clinton apoyaron la reforma migratoria respaldada por el Presidente Bush. Dicho plan incluía, entre otras cosas, un aumento en el presupuesto para fortalecer la seguridad en la frontera, reforzar la aplicación de la legislación migratoria y laboral vigente y abrir un camino para otorgar la ciudadanía a algunos inmigrantes ilegales. Después de arduas discusiones en ambas cámaras, como sabemos, el plan no fue aprobado.
A pesar de ello, meses después, ambos senadores ahora precandidatos formaron parte del bloque mayoritario que aprobó la construcción de un muro a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos.
Las coincidencias no terminan ahí. Ambos precandidatos demócratas rechazan la idea de deportar a los 12 millones de inmigrantes indocumentados en su territorio, como lo proponen algunos políticos conservadores. También coinciden en que deben salir de las sombras, registrarse con el gobierno americano, pagar una multa por haber cruzado ilegalmente la frontera, inscribirse en clases de inglés y formarse en la fila burocrática para obtener la ciudadanía.
Las diferencias entre Obama y Clinton son al menos dos y muy relevantes. Primero, Hillary propone cobrar a los indocumentados en el futuro los impuestos que no hayan pagado en el pasado. También propone deportar a cualquier inmigrante ilegal que haya cometido un delito en Estados Unidos o su país de origen. Más importante, se opone a entregar licencias de conducir a los indocumentados, aunque les otorgaría una identificación oficial para realizar algunas actividades en la economía.
Obama propone una lógica distinta. Su acento está en cambiar los incentivos en el mercado laboral. Lejos de castigar a los indocumentados por buscar trabajo, propone castigar a los empleadores que los contraten. Para compensar la medida, promueve la activación de programas de trabajadores temporales a fin de que la migración laboral futura sea ordenada, legal y registrable. Obama está a favor de entregar licencias a los trabajadores indocumentados con la finalidad de que cuenten con una identificación que les permita conducir y contratar seguros para hacerlo.
La segunda diferencia entre los dos candidatos es la posibilidad de contar con un congreso mayoritariamente demócrata o bien con una coalición bipartidista suficiente para convertir sus ideas migratorias en legislación aprobada. En este terreno, Obama parece estar en ventaja. No sólo sus números en las encuestas le dan hoy a los demócratas la posibilidad de contar con más asientos en el Congreso que si Hillary fuera la candidata. Además, a diferencia de Clinton, que tiende a polarizar el ambiente político, Obama se ha distinguido por promover la conciliación.
Esto es propio de alguien que ha construido su vida entre dos mundos opuestos: el de un hombre negro criado en un hogar materno blanco y el de un hombre negro que se desarrolla en una sociedad con ciertos problemas de racismo.
Obama necesitará de esta sensibilidad para ganar la nominación de su partido, la elección presidencial y los votos necesarios para alcanzar una reforma migratoria amplia. Los inmigrantes mexicanos bien harían en votar por él.
El autor es profesor de Derecho Constitucional en la UNAM y es candidato a Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Columbia.